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Introducción

La importancia de entender el desarrollo infantil

Los conocimientos sobre el desarrollo infantil que tienen los educadores de la primera infancia son un factor de protección importante. Los factores de protección son condiciones que mejoran la salud y el bienestar de niños y familias, y que reducen al mínimo las experiencias perjudiciales. Cuando los educadores entienden el desarrollo infantil, pueden conocer con anticipación los cambios en el desarrollo, tener expectativas razonables sobre la conducta de los niños, actuar con empatía y dar apoyo. Responden más intencionalmente y tienen confianza en su capacidad para satisfacer las necesidades de los niños.

Para entender el desarrollo infantil, los educadores deben aprender sobre los valores culturales, las creencias, los objetivos y las expectativas de las familias de los niños. Los educadores que tienen un conocimiento sobre el desarrollo infantil basado en la cultura pueden tomar buenas decisiones sobre cómo ampliar el aprendizaje de los niños.

La importancia de entender el desarrollo infantil: ejemplos en la práctica

Ejemplo en bebés

Debido a que saben que los bebés necesitan moverse libremente para desarrollar los músculos y los huesos, los educadores crean lugares seguros para que los bebés jueguen cerca de las personas a cargo del cuidado y de otros niños. Los educadores permiten que los bebés, como Lucía, estén mucho tiempo en el suelo para que puedan estirarse, mover las piernas y tratar de alcanzar juguetes.

Lucía (6 meses) está en el suelo, sobre una manta. Al darse la vuelta sobre el abdomen, ve un aro de madera que está cerca. Trata de alcanzarlo agitando las piernas y estirando el brazo. Intenta… y lo consigue. Lleva el aro hacia ella, siempre balbuceando. Se da la vuelta para acostarse boca arriba en el suelo, mira el aro con una gran sonrisa y se lo lleva a la boca.

Un educador que no tenga esos conocimientos podría dejar a los bebés en sillas mecedoras o en asientos para bebés, que limitan el movimiento y el desarrollo. Lucía no hubiera podido tener esa experiencia que le dio la oportunidad de desarrollar competencias físicas, de tener logros y habilidades, y de aprender un poco más sobre su mundo.

Ejemplo en niños pequeños

Si un educador no supiera que sostener un objeto especial ayuda a algunos niños pequeños a manejar sus sentimientos, tal vez les diría a las familias que los niños no deben llevar objetos de su casa al entorno de aprendizaje. Cuando los educadores hablan con las familias sobre lo que podría ayudar a los niños a sentirse mejor cuando están molestos, pueden compartir experiencias conocidas y reconfortantes para apoyar el bienestar de los niños pequeños.

Jackson (28 meses) extraña a su familia durante la hora de la siesta. Mientras está acurrucado en la cama, la Sra. López le lleva el osito de peluche que le dio la madre. Jackson frota suavemente el peluche entre el pulgar y el índice mientras la Sra. López se sienta cerca de él. La mira y le pregunta: “¿Mamá va a volver después del snack?”. La Sra. López responde con voz suave: “Sí, va a venir a buscarte después del snack. Estará muy feliz de verte”. Jackson sonríe y se queda dormido, abrazado al osito de peluche.

Si la educadora no hubiera tenido conocimientos sobre el desarrollo infantil, o no le hubiera pedido un consejo a la madre de Jackson, tal vez no le hubiese permitido llevar objetos de la casa. En cambio, pudo crear una experiencia tranquilizadora y enriquecedora durante la siesta, que ayuda a que los niños se sientan seguros, protegidos y valorados en el programa.

Ejemplo en niños de preescolar

Los educadores de preescolar con conocimientos sobre el desarrollo infantil entienden que es normal que los niños de entre tres y cinco años muestren una conciencia cada vez mayor sobre el cuerpo y sus funciones. A menudo, los niños pequeños son conversadores y tienen curiosidad por todo, incluso por su cuerpo y el de los demás.

Luda y Min (ambos de 4 años) están en el baño. Cuando Luda empieza a orinar, Min pregunta: “¿Por qué ella no tiene nada allí? Yo tengo un pito”. La maestra respira hondo, se agacha a la altura de los ojos de Min, valida la curiosidad del niño y responde la pregunta con precisión. “Es una buena pregunta, Min. Gracias por preguntarme. Algunas personas tienen penes, como tú, y otras no. Muchos niños tienen penes —así es como llamamos al pito en la escuela— y muchas niñas tienen vagina”.

Si la maestra de los niños no hubiese estado preparada con conocimientos sobre el desarrollo infantil, es posible que se hubiera sentido sorprendida o alarmada por la pregunta de Min. Podría haber tenido dificultad para formular una respuesta adecuada. En cambio, la maestra del ejemplo pudo responder con calma, usando un lenguaje con sensibilidad cultural, inclusión de género y corrección anatómica.

Ejemplo en niños de escuela primaria

Sabiendo que los niños de escuela primaria suelen formar grupos con pares que comparten su mismo origen cultural o su mismo idioma, y que esos grupos dan una sensación de pertenencia, los educadores afirman y crean oportunidades para que los niños hagan amistades.

Juan (6 años) comenzó a asistir a la clase del Sr. Jones en noviembre. Juan se mudó hace poco de Guatemala a Nueva York con su familia y aún no sabe hablar inglés. El Sr. Jones decidió que Juan se sentaría con Carlos y Maritza, que también hablan español en la casa. Esperaba que su decisión ayudara a que Juan hiciera amigos en el entorno nuevo, y que los nuevos amigos ayudaran a Juan a desenvolverse en la escuela y el aula. El Sr. Jones también agregó a la biblioteca del aula más libros en español y libros ambientados en Guatemala, como La tienda de mamá y papá, de Amelia Lau Carling.

Si el Sr. Jones no hubiese tenido conocimientos sobre el desarrollo infantil, tal vez hubiera pensado que la tarea más importante para Juan era aprender inglés, y lo hubiera sentado junto a niños de habla inglesa. En cambio, pudo reconocer el valor del desarrollo multilingüe y socioemocional. Como recurso de enseñanza y aprendizaje, creó la base para que Juan usara el idioma que se habla en su casa.

Además de entender el desarrollo infantil, los factores de protección para los niños incluyen:

  • Relaciones de confianza entre los niños y sus familias.
  • Relaciones sociales para las familias, como familiares y amigos.
  • Apoyo concreto para las familias, como vivienda y comida.
  • La capacidad de superar obstáculos, los recursos internos y las competencias de afrontamiento de los familiares adultos.
  • Las competencias sociales y emocionales de los niños.

Los factores de protección mitigan los efectos de las experiencias adversas de la niñez (Adverse Childhood Experiences, ACE). Los educadores pueden aprender más sobre las ACE y los factores de protección en Prevención del Abuso Infantil de Nueva York (Prevent Child Abuse NY).

Prevención del Maltrato Infantil en Nueva York (se abre en una pestaña nueva)

Las secciones “Área socioemocional” y “Maneras en las que el educador podría apoyar el desarrollo de los niños” de las Pautas para el aprendizaje temprano incluyen sugerencias para los educadores que podrían promover el desarrollo de estos otros factores de protección.

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