Las relaciones de confianza que los niños establecen con adultos receptivos cuando son bebés y en la primera infancia sientan las bases para todo el aprendizaje que vendrá después. Lo que prefiere el bebé es mirar la cara de su madre, su padre u otro familiar importante, y su sonido favorito es la voz de esa persona. El bebé está totalmente en sintonía con la persona de la que depende para satisfacer todas sus necesidades físicas y emocionales. Mediante interacciones predecibles y afectivas, los bebés desarrollan vínculos seguros con sus familiares y educadores. Puede explorar el mundo con confianza porque sus seres queridos lo apoyan.
Las relaciones de vínculos tempranos tienen una importancia fundamental. Predicen la capacidad de los niños para convertirse en adultos que puedan sobreponerse a las dificultades, regular sus emociones, participar en interacciones y resolver conflictos. Los educadores de la primera infancia establecen relaciones de confianza con los niños cuando notan y atienden sus necesidades físicas, emocionales y de aprendizaje. Los educadores también pueden apoyar el desarrollo de las relaciones de vínculos saludables del niño con su familia. Lo apoyan cuando reconocen respetuosamente a la familia como experta en el desarrollo del niño y cuando promueven los sentimientos positivos de la familia por el niño.
Con el tiempo, los niños que tienen relaciones de vínculos fuertes aprenden a regular sus sentimientos. Desarrollan la capacidad para expresar diversos sentimientos aceptables desde el punto de vista cultural y social. Cuando los niños tienen vínculos tempranos inseguros, sienten la necesidad de comprobar la seguridad de todas sus relaciones. Tal vez hayan aprendido que expresarse genera reacciones negativas y causa inseguridad, desconfianza y miedo. Los educadores apoyan la autorregulación de los niños dándoles calidez y tranquilidad, y estableciendo los límites predecibles y las rutinas coherentes que los niños necesitan para sentirse seguros. Pueden prepararse para atender a los niños cuidándose bien, con buen descanso y buena alimentación, reflexionando con colegas de confianza y pidiendo ayuda cuando la necesiten.
Los niños alternan entre el mundo social de su casa y el de su entorno de aprendizaje. Para su sentido emergente de sí mismos, es importante que sientan que pertenecen a cada lugar. En el caso de muchos niños, los valores culturales y las expectativas de la casa son muy diferentes a los del entorno de aprendizaje. Por ejemplo, los entornos de aprendizaje temprano suelen promover la independencia y la autosuficiencia. Esto se observa en las expectativas de que los niños puedan cuidarse y quedarse dormidos solos desde temprana edad. Muchas familias valoran ayudarse mutuamente y consideran correcto que las personas mayores asistan y reconforten a los niños más pequeños. Los educadores pueden promover en los niños los sentidos positivos de sí mismos y de pertenencia mediante una comunicación continua con las familias para que concuerden las expectativas, los valores y las prácticas de cuidado.
Mientras los niños asistan al preescolar y a la escuela primaria, sus relaciones con otros niños adquirirán cada vez más importancia. Las competencias sociales, como la empatía, la cooperación y la negociación, se desarrollan en esa etapa. Ejemplificar las competencias sociales es importante a esa edad, ya que los niños aprenden de la autorregulación y de la resolución de conflictos propias del educador.
El modelo de pirámide en Nueva York:
Los líderes de educación en la primera infancia del estado de Nueva York identificaron la necesidad fundamental de apoyar y enseñarles mejor las competencias sociales y emocionales a los niños pequeños y a las familias. En respuesta a esto, el Consejo para Niños y Familias del Estado de Nueva York (New York State Council on Children and Families) tomó la iniciativa en 2015 para formar un equipo de agencias públicas y privadas y crear el Equipo de Liderazgo Estatal del Modelo de Pirámide (Pyramid Model State Leaderhip Team) para guiar la implementación en todo el estado. El Equipo de Liderazgo del Modelo de Pirámide del estado de Nueva York promueve el uso en todo el estado del modelo de pirámide, un marco basado en la evidencia que ha demostrado ser una manera eficaz de encarar el desarrollo de las competencias sociales y emocionales en todos los entornos de educación y cuidado en la primera infancia. Para obtener más información, visite Modelo piramidal del estado de Nueva York (se abre en una pestaña nueva).
Objetivos
- Aumentar la cantidad de instructores y capacitadores que le den desarrollo profesional al personal de educación de niños en la primera infancia en las prácticas del modelo de pirámide para satisfacer las necesidades de desarrollo emocional y social de los niños pequeños.
- Apoyar las relaciones entre los educadores y las familias.
- Eliminar la suspensión y la expulsión de niños menores de seis años en Nueva York.
- Apoyar la implementación y la continuidad del modelo de pirámide en todos los entornos de la primera infancia.
- Evaluar la eficacia de la implementación del modelo de pirámide en el estado de Nueva York.
Las secciones “Maneras en las que el educador podría apoyar el desarrollo del niño” de las Pautas para el aprendizaje temprano están en concordancia con las prácticas respaldadas por el modelo de pirámide. Están diseñadas para crear entornos de aprendizaje donde cada niño sienta que pertenece, para promover la participación social y las relaciones positivas de los niños, y para enseñarles rutinas, expectativas y estrategias de resolución de problemas que los ayuden a obtener resultados satisfactorios.
Descripción en texto
La pirámide se apoya en una base titulada Personal eficaz: los sistemas y las políticas promueven y apoyan el uso de prácticas basadas en la evidencia.
De abajo hacia arriba, los niveles son:
Relaciones atentas y enriquecedoras (Promoción universal: todos los niños). Las relaciones atentas de apoyo entre adultos y niños son un componente esencial para promover un desarrollo social y emocional saludable.
Entornos de apoyo de alta calidad (Promoción universal: todos los niños). Los entornos de alta calidad en la primera infancia promueven resultados positivos para todos los niños.
Apoyos emocionales y sociales orientados (Prevención secundaria). Las maneras sistemáticas de encarar la enseñanza de competencias sociales pueden tener un efecto preventivo y correctivo.
Intervención intensiva (Intervención terciaria: pocos niños). Intervención basada en la evaluación que da como resultado planes de apoyo conductual individualizado.