El niño reconoce y desarrolla la capacidad para explicar cómo cambian los objetos materiales y cómo permanecen estables.
Lo que los educadores podrían observar
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Cuando juega a la escondida, oculta los ojos, pero deja expuestas algunas partes del cuerpo
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Usa frases para iniciar e identificar el juego de imitación con los demás (“Vamos a hacer de cuenta que…” o “¡Solamente estaba fingiendo!”)
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Pregunta sobre la permanencia de su sexo y su identidad racial (p. ej., “¿Siempre seré un niño/una niña?” “¿Siempre tendré el mismo color de piel?”)
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Da explicaciones mágicas para los cambios (p. ej., dice que un hada pone la luna en el cielo todas las noches)
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Usa lenguaje sobre la muerte, sin pensar necesariamente que es un estado permanente
El niño usa el pensamiento simbólico para hacer representaciones.
Lo que los educadores podrían observar
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Asigna roles a pares, adultos u objetos como personajes en el juego
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Planifica con otros niños lo que van a simular antes de comenzar a jugar (p. ej., “¡Juguemos a los perritos!”)
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Usa objetos para hacer arreglos y representar una línea argumental; podría repetir la historia una y otra vez (p. ej., usa bloques para hacer una casa y, después, usa un camión de bomberos de juguete para apagar un incendio en la casa)
El niño desarrolla la capacidad para almacenar, recuperar y compartir información sobre experiencias del pasado.
Lo que los educadores podrían observar
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Usa palabras y conceptos relacionados con el tiempo (p. ej., primero/último, mañana/noche, ayer/hoy), aunque no siempre de manera precisa
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Aunque su cumpleaños haya sido hace un mes, el niño podría describir la expectativa que tiene por su cumpleaños diciéndole a un educador que “falta poco”
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Usa frases que indican conciencia del pasado (p. ej., “Cuando yo era bebé…”)
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Identifica cambios en sí mismo con el tiempo (“Ahora soy más grande. Ya no uso pañales”)
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Vuelve a contar una historia o evento simple en orden aproximadamente secuencial (“Gabby tomó mi pelota de fútbol. Yo la agarré. Por eso está llorando”)
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En el juego de representación, recrea experiencias y eventos cotidianos de libros, de la televisión o de observaciones
El niño demuestra tener un pensamiento científico cuando manipula objetos, hace preguntas, hace observaciones y predicciones, y desarrolla generalizaciones.
Lo que los educadores podrían observar
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Experimenta mezclando diferentes materiales (p. ej., arena con agua)
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Hace muchas preguntas con “por qué” (p. ej., “¿Por qué tenemos que ponernos la chaqueta?”)
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Hace predicciones simples (p. ej., dice que cree que el agua de los rociadores va a estar fría hoy)
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Observa y se pregunta cosas (p. ej., observa una tortuga y pregunta “¿Por qué se esconde adentro? ¿Cuándo va a salir?”)
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Aplica su conocimiento para entender observaciones (p. ej., observa un caracol y pregunta “¿Cuáles son los ojos?”)
El niño entiende y explora las causas y los efectos de las acciones y los eventos.
Lo que los educadores podrían observar
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Hace preguntas con “¿por qué?” para tratar de entender la causalidad
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Explica los efectos que las acciones simples causan en los objetos (“Cuando apagues la luz, va a estar oscuro”)
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Se considera el centro de la causalidad (“Tengo mi propia luna. La llevo conmigo a todos lados”)
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Ofrece explicaciones mágicas de las causas (“El hada de hielo vino a la noche e hizo que el césped se volviera blanco”)
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Les asigna características humanas a objetos inanimados (“El viento les dijo a las hojas del árbol que se cayeran”)
El niño planifica y usa las manos, las herramientas y la tecnología para solucionar problemas con materiales.
Lo que los educadores podrían observar
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Adapta sus planes según su experiencia anterior (p. ej., cuando hace rodar autos por una rampa, intenta usar un auto más pequeño si los autos más grandes se caen)
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Imita soluciones aceptadas para los problemas con materiales (p. ej., mueve las manos con los cordones como si fuera a atarlos, aunque no pueda lograrlo)
El niño reconoce algunas similitudes y diferencias entre personas, objetos o experiencias conocidas y desconocidas.
Lo que los educadores podrían observar
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Demuestra entender el significado de las palabras “igual” y “diferente”
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Destaca las diferencias físicas que nota en los miembros de la comunidad
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Reconoce y nombra aspectos de una experiencia (alto, largo, divertido)
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Identifica categorías de objetos; por ejemplo, sabe que los perros, los gatos y las vacas son animales
El niño entiende y explora números y cantidades.
Lo que los educadores podrían observar
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Reconoce y nombra algunos numerales cuando los señala
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Reconoce que los numerales pueden estar escritos y simula o intenta escribir algunos
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Cuenta verbalmente hasta 10 con un poco de correspondencia, pero se saltea algunos objetos y cuenta otros dos veces
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Produce conjuntos de tres (p. ej., “Tráeme tres pinceles del centro de arte”)
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Cuando se le piden cinco objetos, cuenta tres y dice “uno, dos, cinco”
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Cambia el orden de las palabras o abandona la correspondencia de uno a uno para hacer que la repuesta sea la que había predicho o su número favorito (p. ej., “uno, dos, tres, cuatro, ¡cien!”)
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Hace coincidir conjuntos pequeños (de uno a cuatro) de elementos diferentes y muestra que son la misma cantidad
El niño desarrolla la capacidad para identificar, describir, ampliar y crear patrones.
Lo que los educadores podrían observar
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Reconoce patrones en su entorno (p. ej., mira una bufanda a rayas y dice “Es un patrón”)
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Juega con patrones en el lenguaje (p. ej., canta “La di dee, la dee da, la dee di”)
El niño entiende cómo los objetos, los puntos, las líneas y las formas caben en el espacio.
Lo que los educadores podrían observar
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Usa las palabras para indicar dirección y posición, aunque no siempre de manera precisa
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Forma componentes horizontales y verticales cuando construye con bloques
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Identifica y nombra círculos y cuadrados
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Usa el mismo nombre para dos formas similares pero no idénticas (p. ej., cuando las dos formas tienen partes puntiagudas)
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Juega combinando y separando formas